miércoles, 14 de enero de 2009

No good deed / Ninguna buena acción

ACTO DOS

ESCENA SEIS


Elfaba y Fiyero están juntos en el bosque. De pronto, Elfaba se inquieta, comienza a escuchar gritos lejanos y a ver señales de tormenta en el cielo. De alguna manera, sabe que su hermana está en peligro, y decide ir hacia ella. Fiyero quiere acompañarla, pero Elfaba le advierte que sería demasiado peligroso. Él le indica que se encuentren en el Castillo de Kiamo Ko, es de su familia pero está deshabitado. Ella acepta y vuela hacia Munchkinland.




ESCENA SIETE

En Munchkinland el escenario es desolador para Elfaba: una casa ha aterrizado sobre su hermana, la Bruja Malvada del Este. En ese momento, Glinda se despide de los habitantes de la casita, una niña y su perro, a quienes ha mandado a la Ciudad Esmeralda a ver al Mago. Cuando se encuentra con Elfaba, su primer impulso es irse, pero Elfaba la detiene para relcamarle las zapatillas de rubí de Nessarosa. Glinda le dice que se los ha dado a Dorothy, la niña de la casa, y esto desata la ira de Elfaba.
Las viejas amigas discuten y comienzan a pelear, pero la disputa es interumpida por los guardias del Mago, quienes atrapan a Elfaba. En ese momento, Fiyero llega al rescate y amenaza a Glinda para que los guardias liberen a Elfaba. Una vez que la chica verde ha huido, Fiyero libera a Glinda pero los guardias lo atrapan a él y lo condenan a ser colgado de una estaca en el campo de maíz hasta que diga hacia dónde ha huido la Bruja.
Glinda está horrorizada por lo que ha pasado e intenta defenderlo, pero es inútil.




ESCENA OCHO

Elfaba está aterrada por Fiyero y, desesperada, conjura un hechizo desde Kiamo Ko en un intento por salvar al hombre que ama.

ELFABA: (un grito desolado) ¡Fiyero!

(leyendo la Grimería)

Eleka nahmen nahmen atum atum eleka nahmen…
Eleka nahmen nahmen atum atum eleka nahmen…

Que su carne no sea cortada, que su sangre no deje mancha,
aunque lo golpeen, que no sienta dolor.
Que sus huesos nunca se rompan
y por mucho que intenten destruirlo
que nunca muera, ¡que nunca muera…!

Eleka nahmen nahmen atum atum eleka nahmen…
Eleka nahmen nahmen atum atum eleka... eleka...

¡Ah! ¿De qué sirve esta letanía? ¡Ni siquiera sé qué estoy leyendo!
¡Ni siquiera sé qué hechizo debo intentar!
Fiyero, ¿dónde estás? ¿Ya estás muerto o sangrando?
¡Un desastre más que agregar a mi lista de generosidad!

Ninguna buena obra queda impune,
ningún acto de caridad queda sin resentimiento.
Ninguna buena obra queda impune, ése es mi nuevo credo.
¡Mi camino de buenas intenciones llegó adonde tales caminos llevan siempre!
¡Ninguna buena obra queda impune...!

Nessa…
Doctor Dillamond…
Fiyero…
¡Fiyero!

Una pregunta acosa y hiere,
mucho, mucho para mencionarla,
¿en verdad buscaba el bien
o sólo buscaba atención?
¿Es eso lo que toda buena obra es
cuando se le mira con ojo crítico?
Si eso es lo que toda buena obra es,
tal vez sea esa la razón de que

ninguna buena obra queda impune,
todos los impulsos caritativos deberían ser expurgados.
Ninguna buena obra queda impune;
claro, mi intención era buena,
¡pues miren lo que hacen las buenas intenciones!

¡Muy bien! ¡Suficiente! ¡Que así sea! Que así sea entonces...
De acuerdo con todo Oz, ¡soy malvada hoy y siempre!
Como no pude lograr, Fiyero, salvarte a ti,
prometo que ninguna buena acción intentaré hacer jamás,
¡nunca jamás!

¡Ninguna buena acción volveré a hacer jamás!


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