lunes, 11 de agosto de 2008

Epitafio

Acabo de volver de Aguascalientes. No ha sido un viaje de placer ni nada parecido. Algo que remarcar de este inesperado viaje relámpago es que es la primera vez que se edita algo que escribo ¿La parte no tan linda? Que se trata del epitafio de mi abuela materna. La escribí a petición de mi mamá y mis tías, quienes insistieron en que fuera incluido en los recordatorios que se entregarán cuando concluya el novenario, el próximo domingo. Yo no soy ferviente católica (ni un poquito), pero aquellos ciber-lectores y seres adjuntos que lo sean, tal vez puedan explicarme toda la implicación mágico-mística de prolongar el luto de rigor por nueve días.

"En una clara tarde de agosto nos dejó María del Refugio Velasco de Loera.
Quiso la vida que ése día se le cumpliera su último antojo; así, una de sus últimas imágenes fue la del cerro reverdecido por las lluvias, las flores que regala la estación y de su familia feliz.
A Cuca le gustaban las flores, las muñecas y poner apodos. Lo primero y más importante en su vida fueron sus hijos, a quienes amó siempre.
Por ella vinieron sus ángeles personales: su hermana Consuelo y su esposo Pancho. Se la llevaron al Cielo en forma de arcoiris, lejos de las penas y el dolor, bajo el cobijo de Dios.
Ahora, ella también es un ángel y, ya lejos del sufrimiento, es la cariñosa guardiana de aquellos que la lloran en la tierra. Su herencia es la imagen de un cerro reverdecido cubierto de flores."

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